martes, 24 de julio de 2012
Construyendo realidades
Cuando los mayas hablaban del fin del mundo en 2012 se referían a esto, ¿no? A la brecha cada vez más grande entre clases sociales, a los desastres naturales o provocados, en los que `los de abajo´ se quedan más desprotegidos y vulnerables, y `los de arriba´ cada vez más enriquecidos e intocables. O, ¿se referían acaso a la batalla entre esos dos bandos? Donde vamos a por un final victorioso donde todos tengamos un techo digno donde vivir, un plato diario para comer, un acceso garantizado a la educación y a la sanidad, donde nadie, repito, nadie queda excluído por su raza, género, condición sexual, ideología, maneras de vivir, etc., donde la libertad es digna de su nombre, donde la explotación queda atrás y ya nadie sufre por ella en naves clandestinas. Sí, se referían a eso, al Fin del Mundo Capitalista.
domingo, 8 de julio de 2012
Lo que se queda en el tintero...
Estoy leyendo `Alma´ de Javier Moreno casi con el mismo entusiasmo, y no exagero, con el que en su día leí Rayuela, de Julio Cortázar, (soy consciente de que son palabras mayores), y no es que esté haciendo una comparación, porque nada tienen que ver la una con la otra. El punto en común lo detectó en mí, que soy fan, fan de la originalidad. Sobre todo la que encuentro en los libros, puesta en práctica palabra por palabra.
Lo singular de esta `novela´, desde mi punto de vista, radica en haber sacado a la luz, a través de la tinta, aquellos pensamientos que de manera tan común solemos tener todos, en forma de reflexiones, recuerdos, opiniones, afirmaciones, preferencias, etc., pero que por ser tan particulares, no le damos tanta importancia. Ya que, ¿a quién le interesa saber que a un individuo le encanta morder la pasta dentífrica endurecida y sentir cómo se derrite en la boca al contacto con la saliva? O, por poner otro ejemplo sacado de estas páginas: Los Beatles me gustan más que los Rolling, pero menos que Joy Division. Sin embargo, ninguno de estos dos grupos está por encima de The Doors.
Pura cotidianidad e identidad hecha novela.
Lo cierto es que no pretendía hacer una reseña, porque no me considero con las cualidades para hacerlo, pero sí dejar por escrito el disfrute que estoy sintiendo cuando abro el libro, y me dispongo a saborear frase por frase lo que a Javier se le pasaba por la cabeza en el momento que lo escribió.
Y me voy a aventurar aún más, haciendo mi particular versión con mi propia alma, o lo que sea eso que me diferencia del resto. Ya que aunque seamos todos iguales en derechos y obligaciones, lo que llevamos por dentro, ese conjunto de experiencias, interpretaciones, aprendizajes, la lupa con la que miramos el mundo, es único en cada de uno/a de nosotros/as, aunque en muchas ocasiones podamos coincidir, (lógica aplastante). Pero hay que darle cierto valor, claro que sí.
...
Cuando me cambio de piso, una de las cosas que más me gusta, en los días previos a la mudanza, es imaginar el espacio con mis trastos, y cómo sería mi rutina en esa casa, en ese barrio. Me llama mucho la atención la manera que tiene cada uno/a cuando interactúa por primera vez con otros/as. Sí, las frases que se utilizan, las formas de mirar, de moverse..., cuando todo es nuevo, y no sabemos nada de la otra persona, ni viceversa. Cuando leo un libro que me gusta mucho, mucho, y estoy enganchada, a veces retraso la lectura para que no se acabe, para no llegar a la última palabra de la última página. Hay refranes que parecen que sólo cobran sentido cuando experimentas la situación. Otros, que sólo con pensarlos, sabes qué están diciendo aunque no hayas pasado por ello. A veces tengo la sensación de no ser yo la que habla por mí, como si llevase un disfraz involuntario, y casi incontrolable, que actúa en mi nombre, o más bien a través del cuerpo que me transporta. No sé por qué nos avergüenza reconocer que sentimos algo por alguien, pero en cambio, no nos reprimimos muchas veces en soltar sapos y culebras por la boca, y hacer daño a los demás. Cuántas más vueltas le doy a las injusticias que se comenten día a día, más dolor de cabeza me produce, y más impotente me siento, pero a la vez, más fortalecida para no conformarme con lo establecido, y con motivación para querer cambiarlo. Me encanta la sensación que se experimenta después de superar los miedos. Una de las modalidades en la cocina que más apetito me despierta es el gratinado. Siempre pienso que lo que hay debajo debe estar buenísimo. Creo que nunca me pondré de acuerdo con las personas obsesionadas con la limpieza. Sí, las que limpian sobre limpio, y se les va la vida en cuanto ven motas de polvo, o manchas en el suelo. Energía malgastada, creo yo. Adoro aprender algo nuevo, y que de verdad se me quede grabado, para poder sacarle provecho, y si se diese el caso, compartirlo. Aunque mi tendencia sea la de ir a mi aire, a veces cometo la incoherencia de estar muy pendiente de las personas que me importan. Me gustan más las fotografías en blanco y negro con mucho contraste que las de color. Aunque siempre con excepciones, como en casi todo. Me hace mucha gracia lo de seguir bebiendo alcohol a pesar de las malas resacas que a veces nos produce. Espero poder aprender algún día a tirarme de cabeza a la piscina, literalmente. Cuando nadie me ve, pero sólo a veces, me gusta hacer pompas con la saliva. Y nunca entenderé del todo porque se considera una guarrada. Lo de ser de letras o de ciencias, ¿se nace o se hace? Sobran inventos, (véase un canal de teletienda durante más de media hora), y faltan avances para paliar el hambre en el mundo, y curar enfermedades. A veces siento cierta desilusión cuando escucho una canción, o un disco, que en un tiempo atrás me encantaba, y en el momento presente, no me trasmite tanto. Tengo muchas ganas de cumplir treinta años. Nunca podré llevar una prenda de color rosa. Mientras estoy soltando todo esto, tengo la sensación de que lo que me he propuesto parece el cuento de nunca acabar. Soy tan gandula que cuando recuerdo que tengo que hacer algo, prefiero pensar en otra cosa. No vaya a ser que me ponga a ello. ¿Realmente se puede empatizar con los demás? Me gustan más los muebles rústicos que los de estilo minimalista. Antes me gustaba leer la última frase de un libro antes de acabármelo, pero dejé de hacerlo no sé muy bien por qué. Realmente da mucho gustico cuando por fin te desprendes de objetos que has guardado durante años, pero que llega un momento en el que tienes que vaciar el caparazón. Desde el peluche favorito de cuando éramos pequeños, hasta los pantalones que sabes que llevas años sin ponerte, y ahí están, en el fondo del cajón.
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