miércoles, 11 de febrero de 2015



Quisiera ser un pez...

Un pez con alas 

y buenas branquias.

Un pez con pies 

para escalar las profundidades

y posarme sobre los corales.

Un pez con manos

para acariciar esa línea

entre el cielo y el mar.

martes, 25 de marzo de 2014

Zapatos mojados


Después de varios inviernos con las piernas sin depilar, y de haber salido infinidad de veces a la calle con el pijama viejo, he podido comprobar con orgullo y satisfacción que la vida sigue su curso y que no se desploma el mundo por no ir monísima de la muerte. Después de haberme entrelazado, por suerte o por desgracia, con hombres que han minado mi autoestima a base de insultos sin sentido, golpes, o la Luna servida en bandeja de plata, ahora, con la cabeza alta, puedo gritar y grito que me importa un comino no encajar en vuestro esquema.

Después de haber conocido a otras mujeres que como yo, y a veces en silencio, se replantean si esta Tierra de Nadie está preparada para Nosotras, que no queremos, y estamos dispuestas a renunciar a todas las cremas, las modas, las dietas, los tratamientos y depilaciones, peluquerías y demás, por poder ser libremente, estar sin complejos que nos detienen, por vivir tranquilas y sin sobresaltos, aunque mil veces intenten cambiarnos.

Después de haber rechazado, siempre con una sonrisa, pasar primero y por delante de una puerta, dejando atrás esa "caballerosidad" perpetua y cultural, o esas invitaciones a las consumiciones de los bares, porque el hombre es el que paga, me reafirmo por fin que no me importa mojarme los zapatos en los charcos. Que yo solita me apaño. Que mi fortaleza no depende de Vosotros. Que si quiero eructo o llevo las axilas sin depilar.

Soy consciente de que aún quedan muchas Mujeres que..., no lo saben, no lo sienten. Que todavía en su subconsciente hay algo que les empuja a deslumbrar y seducir con sus cuerpos esculturales. Que parte de su autoestima depende de cuantos ojos masculinos las deseen.

Está bien... Para cerrar, y a sabiendas que me dejo muchas ideas en el tintero, lo haré con mi propia versión de la famosa frase de Salvador Allende, ya saben, la de "ser joven y no ser revolucionario...". Ésta es la mía: ser mujer y no ser feminista, es una contradicción hasta biológica.





sábado, 15 de marzo de 2014

domingo, 9 de febrero de 2014

¡Malditas perras negras!

Si la escritura fuera como el resto de las artes, se podría escribir cualquier cosa por el puro placer de hacerlo, viendo cómo palabra por palabra se forman las frases, aún sin saber exactamente qué decir. Y luego, si se diese el caso de que algún lector dejara caer su vista y su curiosidad por ahí, justificarte con que era un texto abstracto y quedarte tan pancha.

Un profesor dijo hace unos días que hay que escribir sabiendo qué queremos decir... Y me dejó pensando, dándole la razón por dentro, aunque en el fondo sé que a veces apetece hacerlo y ya está.

Como ahora, en este preciso momento, a sabiendas que quedará expuesto. Consciente de que el derecho a la libertad de expresión en ocasiones no es suficiente para poder abrirse al mundo con cualquier cosa.

Hay escritores, y hay personas que escriben. La diferencia la estipulan en la calidad de sus textos... ¿Y qué pasa con nosotros/as, los/as del segundo grupo? ¿No tenemos acaso un hueco entre las páginas de papel y las virtuales?

Hay personas que escriben que no esperan crítica, ni para bien..., ni para mal. Que escriben porque sí. De igual modo que hay pintores o fotógrafos que arrancan con su pincel o su cámara sin buscar la belleza o una interpretación positiva de los ojos de este mundo. También nosotros/as, esa especie de seres abstraídos, disfrutamos deslizando las letras por el papel virgen y vacilante. Aún con la vergüenza a flor de piel por si algún lector cayera accidentalmente sobre lo que escribes y tuviera la oportunidad de "interpretarte", de juzgar el mensaje.

...

Empiezo a valorar lo que me es propio, y no es más que mis propias palabras.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

***


"palabras, palabras -un poco de aire
movido por los labios- palabras
para ocultar quizás lo único verdadero:
que respiramos y dejamos de respirar."
(J.T.)

Los silencios de la palabra impresa, esos que flotan invisibles entre los huecos..., que no dicen..., (¿qué no dicen?)... No mencionan lo innombrable... No le dan cuerpo al aire... No arrancan ramas a los párrafos, no arrasan con los puentes de entre las páginas... No hieren corazones sin describir... No atraviesan las paredes de los libros... Los silencios no dejan huella... No... La huella del silencio se palpa entrelineas.


("¿Qué tienes en la boca cuando quieres gritar?")


Y las iniciales..., ¿esconden algo? ¿Son pura timidez? ¿Humildad, modestia? ¿Son palabras delincuentes huyendo de las leyes de la gravedad? ¿Palabras defectuosas tal vez? Que se avergüenzan de su cuerpo tan cambiante... Hay tantas formas de palabras... Las hay hasta de las que se esconden detrás de un punto, o de un sólo de piano, o de una fotografía.




¿Para qué sirven los paréntesis? ¿Acaso pretenden encarcelar a las palabras? ¿Y los puntos suspensivos? ¿Son acaso el rostro del silencio?

***






miércoles, 13 de noviembre de 2013

entre nosotros


Los billetes bien agarrados,
las alarmas encendidas,
y entre nosotros, la distancia.

Máquinas que trabajan,
mentes que desconfían,
y entre nosotros, la injusticia.

Ruidos que ensordecen,
persianas que rechinan,
y entre nosotros, el desequilibrio.

Atuendos que moldean,
palabras que hieren,
y entre nosotros, la apariencia.

Días que amanecen,
rutinas que pesan,
y entre nosotros, nada.


domingo, 29 de septiembre de 2013

El precio injusto

En esta tierra de múltiples dicotomías, agresiones, vacíos y demás malformaciones de lo natural, el suplir esas carencias con objetos innecesarios parece ir más allá de una moda pasajera. Parece ser ya una característica distintiva del homo sapiens de nuestro tiempo. Caminar por las calles y sentir la llamada irresistible de los escaparates forma ya parte de nuestro quehacer cotidiano. Casi tanto como respirar... Pero no, no giramos las miradas ante el malestar ajeno y lejano, ni intentamos escuchar las voces que no llegan. Ni siquiera nos paramos a mirar una flor extraña que destaca por si misma entre muchas florecillas comunes.

A falta de buenas relaciones, compramos y compramos, pagando siempre el precio de la ausencia. Calmamos el picor de la soledad enfundándonos en atuendos sobrantes. Engañamos a las horas propias del cariño con ratos perdidos en los grandes almacenes. Sustituimos las buenas conversaciones con iconos en una pantalla. Soñamos con casas más grandes, alejando las distancias de nuestros abrazos...

Y aquí una servidora, reconociendo abiertamente que pago el precio injusto que sustituye al calor humano.