domingo, 23 de septiembre de 2012
Los trapos sucios se pueden lavar
La tendencia natural a combinar y mezclar lo personal con lo social, lo individual con lo grupal, y así, a cada rato, ser partícipe de la pura existencia y la supervivencia.
De vez en cuando hago balance de lo que pienso, de lo que digo, de lo que siento, de lo que hago, ¿y qué me encuentro? Que con los recuerdos y el vivir del momento me voy dando cuenta de que los errores, los éxitos, los secretos, las simples meteduras de pata, la conexión con otros/as, las decisiones tomadas, y el puro fluir del curso del tiempo han hecho de este rincón en el que me encuentro ahora un lugar de transición. De creerse madurar. De pararse a observar y a valorar otras realidades posibles, para poder seguir haciendo el mismo balance, pero teniendo la certeza cada vez mayor de que a la próxima vez habrá menos peso de conciencia, menos deseos de retornar, más motivación para continuar, más placer al experimentar y probar. Sí, ¿por qué no? ¿Qué puede pasar?
Y llegará un momento en el que sólo dolerá un poco, lo normal. En el que el lugar donde me acerquen mis pasos será, probablemente, el mismo lugar en el que desde siempre he querido estar. Así, no más.
Llevando con orgullo las arrugas y las canas, una experiencia rica y meditada... Sí, hasta ahí quiero llegar.
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