lunes, 11 de marzo de 2013

E´ lo que hay

Con dolor de cabeza y empezando la semana, me encantaría poder librarme de estos secretos. Reconocer abiertamente ésto que llevo dentro. Lo que detesto, lo que admiro, lo que deseo. Sin vergüenza, sin miedo, sin complejos.

Dejar de fingir. Dejar de ser lo que no soy. Dejar de aparentar lo que en apariencia debe ser. Llorar si me viene en gana. Reír escandalosamente aunque rompa el silencio respetuoso como de una función de teatro. Empezar a formar parte de mi subconsciente. No preocuparme por lo que venga después. Precisamente esa es la barrera que me impide traspasar esta impostura. Este engaño social.

Y aunque haga esta declaración abierta al "público", todavía no soy capaz... ¿Qué clase de empujón estoy esperando? ¿Qué necesita el mundo, qué clase de preparación previa para poder asumir nuestras verdades?

¿Tan escandaloso sería decirle a alguien que lo deseas? No como una posesión del cuerpo y del tiempo de lo ajeno. Sino como una vibración incontrolada, intermitente, provocada por los encuentros casuales o las miradas que disimulan.

¿Acaso el protocolo no admite que haya en tu entorno alguien a quien no soportas? No ser juez de su extraña manera de ser que no encaja con la tuya, sino alejarse sin más miramientos. Incluso decirlo, hacerle ver que no, que no hace falta tanto esfuerzo. Que no hay cabida para esa amistad.

¿Qué fuerza invisible impide poder rescatar del pasado un recuerdo y decirle a esa persona, sin venir a cuento, que no formó parte del todo del olvido de los años?

¿Qué pretendo? ¿Por qué lo escribo aquí? ¿Por qué no lo guardo en alguno de esos cuadernos que conservan esos secretos?

Será el tiempo libre, y las pocas ganas de hacer algo de provecho.

***

A unas horas de esta entrada, añadiré algo más, por si alguien cae por aquí (de casualidad o con intención). Y es que hay más que me reconcome por dentro, aunque a nadie le vaya a interesar. Algo que me cuesta asumir, o entender, o vete a saber.

No concibo acabar sin palabras ni ningún tipo de interacción con quien en menos de un año compartías cama, techo, risas, broncas, preocupaciones, inquietudes..., intimidad. ¿Y sería apropiado preguntar qué pasó? No con la intención de volver a aquellos tiempos, ni de recuperar lo vivido. Es mejor así. Pero no, no lo entiendo. 

¿Y qué pasa con esas personas que te provocan bienestar cuando te las cruzas? ¿Cómo hacerles saber que te encantaría repetir más a menudo esos encuentros? ¿Tan extraño sería tomar la iniciativa para invitarles algún día a tomar unas cervezas sin que se lleguen a creer que hay segundas intenciones?

También los hay con los que has compartido revolcones entre las sábanas, y que después de eso, parece que haya algún tipo de muralla, como de vergüenza, o timidez, o `miedo al compromiso´. Como si se diera por hecho que una servidora quiere ya un hombrecito a su lado, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, y en esos días del mes.

En definitiva, gente que no pasa desapercibida.