martes, 28 de agosto de 2012

Sacándole chicha a Julito






Para seguir un rumbo que nos defina, antes tendríamos que habernos conocido un poco. Sin influencias, sin opiniones externas, sin consejos absurdos y a destiempo. Simplemente, introspección. Y luego, ¿qué? Supongo que no detenerse ante el miedo de no saber cómo pensar y actuar a partir de ese momento. Cuando siendo conscientes de lo que hemos sido siempre, empezamos por descubrirlo. En mitad del gran desorden me sigo creyendo veleta, al final de tanta vuelta hay que señalar un norte, un sur, (Rayuela).


Y aprender, claro está, de los que se han percatado antes que tú de esos detalles, de esas nimiedades que llenan los huecos, haciendo de nuestro pequeño mundo algo más grande, más hermoso. Ya que existe una realidad entre las irrealidades que somos todos nosotros, (El perseguidor), que nos permite formar parte de algo, sin llegar a estar nunca del todo, alternando entre la observación y la acción, o la simple interacción con otros seres, con otros aires, con otros lugares.


Y de vez en cuando, admitir la derrota como algo inevitable, como la otra posibilidad. Sin caer en la tentación de tener la cara triste por la simple comodidad que viene dada en la compasión. Ya lo contaba por ahí, le caen lágrimas y se las bebe, siempre riendo, (El perseguidor). Y es que es mucho mejor así, ¿no? Qué fácil parece... Y aún así, llevar cosas dentro, sin saber definirlas, sin saber sacarlas pa´ fuera, guardándolas como un tesoro sin importancia, con el propio valor que le da el que lo siente. Al menos poder saber que la única palabra posible negándose a ser dicha, pensada a cada instante pero detrás del umbral de las palabras, pensada como un calor, un viento envolviéndole el cuerpo, y por qué no, por qué no si es así, (Libro de Manuel).


Y a pesar de todo eso, de nuestro propio universo de esperanzas y deseos, de anhelos y de angustias, vivimos sobre una tierra que nos necesita, rodeados continuamente de personas que de cerca o de lejos, van llevando lo suyo de la mejor manera que saben, que les dejan. Porque sí, porque existe eso que muchas veces pretendemos ignorar, que se confunde con todo lo demás, que se solapa con las alegrías cotidianas y los egoísmos puros de cada uno. Sí, argumentos y contrarréplicas sobre la alienación, el tercer mundo, la lucha armada o desarmada, el papel del intelectual, el imperialismo y el colonialismo, (Libro de Manuel).


Y con todo esto, con las incoherencias establecidas, con los obstáculos, existen contestatarios, luchadores, rebeldes, que, tal y como lo describe un tal Morelli, en un plano de hechos cotidianos, la actitud de mi inconformista se traduce por su rechazo de todo lo que huele a idea recibida, a tradición, a estructura gregaria basada en el miedo y en las ventajas falsamente recíprocas, (Rayuela). Y aunque como uno de los tantos ogros mentales que nadie había podido liquidar, el apelmazamiento de los ogros profundos, los verdaderos amos de la diurna armonía que tanta gente llamaba moralidad y que entonces cualquier día, individualmente, era la neura y el diván del analista, y que también cualquier día, colectivamente, era el fascismo y/o el racismo, (Libro de Manuel), no nos volvamos locos, no perdamos la cabeza ni la paciencia. Que nos queda el alivio de saber que antes que nosotros hubieron muchos otros, y que cuando ya no estemos, vendrán otros tantos. Para lo mismo, para mejor. Para (algún día) vivirlo al fin.


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