jueves, 11 de abril de 2013

Hacerlo sin más

Me he tomado la libertad de... ¿Cómo tomarse la libertad? Como si fuese algo ajeno, un precioso regalo robado, una abstracción palpable, algo que sólo unos pocos han podido saborear de veras. Y entonces llegamos nosotros y extirpamos la Libertad por un ratito, haciéndola nuestra (como si nunca lo hubiera sido), y saltamos las vallas, rompemos el silencio, alborotamos las plazas.

Esa compañera de viaje que no viene a visitarnos, sino que tenemos que ir en su busca. La única con la que nos sentimos capaces de caminar por esas calles que nunca transitamos. Con la que podemos levantar la vista y ver más allá de nuestras narices.

Ella, que es reclamada millones de veces al día, tan deseada. Y con la que muy pocos han disfrutado de la experiencia. Ella, que ha sido plasmada en tinta taaantas veces. Se ha hablado tanto de lo que se puede hacer con ella. Como un derecho de plena Ley, que no comparte mesa con la Justicia, sino con quien de verdad se atreve a agarrarse a su mano y dejarse llevar por sus propios impulsos, tan meditados.

Libertad para tocar música en las calles. Para estar desnuda en un playa. Para expresar tus ideas. Para poder largarte sin más. Para perseguir tus sueños sin trabas. Para manifestarte con tus iguales. Para defender la evidente justicia. Libertad para componer canciones sin que corran el peligro de ser censuradas. Para romper los barrotes invisibles de esta invisible jaula. Para dejar de esconderse. Para retrasarse en los horarios establecidos si uno está disfrutando de algo que hace. Para poder hablar con alguien que vive en la calle...

Tomarse la libertad de ser libres y ya está.


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